El Pliego de Condiciones. Definición de un estilo

Un Pliego de Condiciones para la contratación de un servicio público debe ser capaz de transmitir la “identidad corporativa”del contratador. La misión, visión y valores de un Ayuntamiento, debería intuirse tras la lectura de sus Pliegos. Es el canal de comunicación de referencia entre la Administración Publica y las organizaciones, con o sin ánimo de lucro, que producen, suministran o ejecutan los servicios, productos y obras que ésta provee y diseña para sus ciudadanos. Hay reglas de juego para sustentar esta relación, dentro de unas reglas de mayor rango como son la LCSP, y la reciente Ley 27/2013 de 27 de diciembre de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, que por supuesto, hay que conocer, cumplir y respetar.   No vamos a distraernos demasiado con una descripción técnico – jurídica sobre lo que un Pliego de Condiciones representa en el mundo de la contratación pública (18% del PIB). Pero, cómo elemento regulador de “relaciones”, lo que sí haremos es tratar de humanizarlo, de comprenderlo, de hacerle algunas cosquillas para que sonría, de buscarle ese lado amable y colaborador que sin duda alguna tiene. La verdad es que en muchos casos, se parecen más a un requerimiento de un juzgado de instrucción que al primer paso de un proyecto ilusionante.

La mayoría de los Pliegos, centrándonos ya en los servicios públicos que se externalizan y sobre todo en las Corporaciones Locales, son impersonales, no son de autor, no transmiten la forma de hacer política ni gestión de un Ayuntamiento, no proponen su marca personal ni su estilo. Por tanto, no transmiten una estrategia estudiada ni reflexionada como merece la mayor partida presupuestaria de un Ayuntamiento. Lo que sí transmiten, aunque toda generalización es injusta, es prisa, falta de tiempo, falta de reflexión, falta de innovación, falta de conocimientos de la realidad técnico económica, falta de conocimientos de la realidad social a la que van dirigidos los servicios en cuestión, falta de evaluación de los antecedentes cercanos y sus conclusiones, y sobre todo transmiten miedo, mucho miedo y mucha desconfianza.

Con las misma leyes de la FIFA, International Board, o como quiera que se llame el organismo regulador de las reglas futbolísticas, los que nos gusta el fútbol, vemos y disfrutamos de los diferentes estilos de juego que nos proponen los equipos de élite. Ellos son los que se supone que no pueden argumentar falta de aptitudes en sus actores y se supone también que están capacitados técnicamente para hacerlo como quieran. Pueden elegir su estilo. El Barça de Guardiola, el Chelsea de Mourinho, el Atlético de Simeone, etc. La mayoría de las veces el éxito alcanzado por estos equipos fué debido a que diseñaron, respetaron y mantuvieron un estilo propio, son reconocibles, criticados por unos y alabados por otros, pero en los éxitos y en los fracasos, sabemos lo que quieren y cómo lo quieren conseguir. Tienen una forma personal de hacer las cosas y transmiten convencimiento por arrobas. Lo peor que se pude decir de una “squadra” es que “no sabe a que juega”. …que no tiene “estilo propio” ni personalidad… aunque a veces gane.

Un Ayuntamiento debe actuar igual a la hora de gestionar sus servicios públicos. Parece claro que la orientación política de sus regidores, y la capacidad de sus técnicos y órganos de control interno, debería ser suficiente argumento para definir “de origen” un estilo propio y aplicarlo durante al menos cuatro años. Sin embargo, las inercias, que a veces son buenas, hacen que en la mayoría de los casos no sea así. La forma de contratar y prestar los servicios públicos, rara vez surge de una reflexión estratégica, pensada, analizada, y asumida como estilo e identidad propia. Se mantienen inamovibles procesos de contratación periodo tras periodo, como si no hubiese alternativas y por tanto se van heredando ineficiencias históricas y alejando de las verdaderas necesidades.

Los contratos de servicios públicos son muy mal educados, tienen la mala costumbre de sorprendernos, siempre finalizan sin avisar y siempre es necesario hacer un Pliego para “ayer”. No parece un estado de cosas muy lógico ni eficiente, aunque relativamente disculpable por la escasez de recursos, y quizá por eso, el Pliego neonato inicie la “relación” ya un poco cabreado, salte al campo a jugar apático y de mal humor, parezca que te riña cuando lo lees, juegue a alejar el balón de su área y se preocupe exclusivamente de que no le metan goles.   A veces, es cierto que nos encontramos con Pliegos “trabajados durante meses”, pero trabajados más en taller que en oficina de diseño. Máximo control hasta el mínimo detalle. Tres páginas de cláusulas sancionadoras y máximo grado de definición en cuanto a prestaciones y requerimientos hasta el año 2.027. Es entonces cuando vuelvo a pensar en fútbol y en esos míticos entrenadores y sus célebres mensajes después de días de entrenamiento y preparación: “ ahora salgan y jueguen, sean valientes, arriesguen, hagan lo que saben hacer mejor que los demás…y hágannos disfrutar”. Con Pliegos excesivamente cerrados y restrictivos, el Ayuntamiento empatará a cero, no tendrá más problemas que los derivados de aquello no controlado ni plasmado, (porque es imposible controlarlo todo), le resultará más fácil valorar las ofertas y posiblemente viva tranquilo unos años, pero creo que todos necesitamos y buscamos algo mas.

Resumiendo. Creo que es básico en primer lugar definir estratégicamente “como” quiero prestar mis servicios públicos, no asumir a ciegas lo hecho hasta ahora como paradigma inamovible. Una vez definido mi estilo, mi marca personal reconocible, pondré en marcha los mecanismos adecuados para ejecutarla. Tendré que fijar objetivos y deberé implicar a todos los agentes internos y externos en su consecución. Si la identidad elegida es la de ser un Ayuntamiento innovador que busque permanentemente nuevas formulas para hacer las cosas de siempre, que busque la máxima eficiencia sin abandonar nunca la consideración social inherente a una Administración Pública…. he de trabajar en esa línea sin abandonarla, he de apoyar a técnicos y órganos de control, y formarlos en esa orientación. Saldré a jugar al ataque y llevaré la iniciativa del partido.

Estoy convencido de que las empresas empezarán a leer los Pliegos de Condiciones de otra forma. Se abrirán puertas que les permitirán pensar más en compartir riesgos, más en lo que pueden aportar como especialistas, más en proponer ideas nuevas sin corsé y en soltarse a jugar. Dejarán de pensar en articular mecanismos defensivos, en prevenir sanciones, imprevistos, o rentabilidades difusas a larguísimo plazo. El partido será sin duda mas divertido de jugar. El Barcelona de Guardiola o la Selección Española son claros ejemplos de confianza y de apuesta por un estilo propio e innovador, y  por la búsqueda de la excelencia con resultados. Independientemente de que guste o no, su éxito ha venido por ello y por ello pasarán a la historia.